Nostalgia

¿Por qué saliste de Cuba? 

 

Las razones le sobran a cualquier nacido en la isla para escapar del infierno fidelista, en los inicios los cubanos salían por su ideología y participación, pertenecían o de alguna forma estaban identificados con el gobierno de Batista. Con la llegada de los barbudos a La Habana, para muchos los jóvenes héroes salvadores de “tanto mal”, para otros Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, su líder y compañeros vestían de verde olivo, el color de la paz, sugería estabilidad y resistencia, al cuello llevaba el santo rosario, consigo las veinte promesas de quienes lleven el Rosario, “ir hasta el hijo de María, ser ayudados en sus empresas, amarán la palabra y no serán esclavos, no perderían la modestia, tendrían paz en su vida diaria”, mentían, el Rosario escondía sus verdaderas intenciones, el rosario quemaba su pecho, de mensajero del mal de Lucifer, luego él mismo lo cambiaría por las tres principales armas de Satanás, “el pecado, las acusaciones y los bastiones”.

Habían cambiado sus cabalgaduras por tanques de guerra y armados con ametralladoras y cañones, después, tras ellos y su entrada triunfal llegaría el hambre, la miseria, con ellos llegaron los juicios sumarios en la Ciudad Deportiva y los fusilamientos dirigidos por el Che en La Cabaña, muchos temieron por sus vidas, buscaron en el exilio la salvación. 

Otros tuvieron la suficiente lucidez en su pensamiento, fueron capaces de apreciar, en la distancia, ver el futuro y entender, la mejor de las opciones era irse, irse de Cuba, alejarse de esta locura en ciernes, dejar atrás todo e intentar comenzar lejos de su isla cautiva, a pesar de ser la tendencia general, que la revolución duraba poco, era cuestión de meses, los americanos no aceptarían el comunismo a 90 millas de sus costas, invadirían y siendo el fin de Fidel. Las salidas en embarcaciones de los cubanos hacia el norte comenzaría el mismo primero de enero de 1959, este éxodo duraría hasta 1962, cientos de cubanos se lanzan al mar buscando una oportunidad para ellos y sus familias.

A la par de las salidas clandestinas, por la que de ser capturado podías cumplir una sanción de dos a cinco años de privación de libertad, los dos países negociarían buscando conseguir organizar y controlar el éxodo cubano. El 26 de diciembre de 1960 comenzaría la “Operación Peter Pan”, ante el temor de perder la Patria Potestad sobre sus hijos, los padres cubanos enviarían a más de 14 mil niños hacia los EE.UU. saldrían por esta vía acompañados por la iglesia y Dios, solos, sin sus padres, algunas familias nunca lograrían reunirse de nuevo. Duraría hasta el 23 de octubre de 1962.

El éxodo por el puerto de Camarioca (octubre-diciembre 1965, nombrado el éxodo de los pequeños burgueses). Consecuentes del peligro de la navegación en el Estrecho de la Florida, los dos gobiernos acuerdan “Los vuelos de la Libertad”, un puente aéreo que duraría hasta 1974, con la salida de más de 250 mil ciudadanos, el mayor éxodo de la isla, solo comparado con el éxodo de los judíos huyendo de la Europa Nazi. Los cubanos continuarían saliendo de la isla por el mar, por la maldita frontera marítima, buscando fuera de su tierra lo que el nuevo sistema les negaba, como diría Virgilio Piñera, “La maldita circunstancia del agua por todas partes”.

Las puertas se abrían y cerraban, los gobiernos jugaban con las necesidades del pueblo, con las ansias, con los sueños, los cubanos buscaban la única alternativa que tenían en sus manos, el mar, por cada puerta cerrada, alguien buscaba en el mar la salida, la huida, la escapada, el mar desde 1959 se convirtió en la ruta de salida, los primeros fueron los perseguidos, los que sabían tenían su vida en peligro, les siguieron cientos de cubanos, hasta la el éxodo masivo de Camarioca en 1965, al cerrarse esta puerta, continuarían las salidas marítimas, nunca se han terminado, luego vendrían otros éxodos masivos, Mariel en 1980, el maleconazo que traería a la postre, el éxodo de los balseros en 1994, hoy continúan llegando balseros no solamente al sur de la Florida, otros puertos se incluyen en el destino de los cubanos, se ha vuelto común la llegada de las rústicas embarcaciones a México, Honduras, Panamá, Gran Caimán, Bahamas, Haití, Islas Vírgenes, etc.

Las salidas marítimas han dejado miles de muertos, muchos cubanos se han perdidos en el mar, sirviendo de alimento para los tiburones. Nunca se sabrá la cifra exacta de los muertos en el mar, madres desesperadas llevando a sus hijos pequeños en frágiles embarcaciones, no olvidemos a la madre de Elián, murió en el intento de sacar a su hijo del paraíso revolucionario, hacia el imperio capitalista.

¿Están locos los cubanos? dejar un país tan hermoso como es Cuba, donde la medicina y los estudios son gratis, donde la revolución ha conseguido la igualdad de todos los ciudadanos.  Sí, están locos, lo gratis que te da el estado te lo cobra con un precio muy alto, la educación es gratis, pero dirigida, obligan a tus hijos a estudiar las mentiras del marxismo, los beneficios del sistema socialista, niegan la familia, no hablan de libertad, de Dios, del bien, desde pequeños cercenan las ideas de los niños convirtiéndolos en sus ovejas, en animales amaestrados del circo castrista. Es cierto, ha logrado la igualdad de todos los cubanos, todos son pobres, todos mendigan, todos pasan hambre, todos perdieron los sueños y las aspiraciones, todos no, ellos, los jerarcas del régimen, los cercanos al viejo y decrepito sistema viven mejor que los antiguos burguesas cubanos, los mismos que ellos expulsaron del país por capitalistas, por explotadores.

Era práctica común las lanchas torpederas del régimen ametrallaran y embistieran las naves de sus compatriotas, Desde los helicópteros se lanzaban sacos de arena para hundir las lanchas, hundiéndolas sin piedad, sin importarle las vidas perdidas por su gloria y maldad. Es criminal, un gobierno no sea capaz de hacer feliz a su pueblo y antes su incapacidad prefiera matarlos, asesinarlos por sus absurdos ideales. Deben escuchar a José Martí, el apóstol de la independencia cubana, el mismo martí, que ellos culparon de ser el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada dijo: “Cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran”, este Martí debe ser un agente de la mafia cubana de Miami.

El gobierno fue capaz de hundir el remolcador “13 de marzo”, no le importo asesinar a 37 hijos de Cuba incluyendo a niños, son criminales, realizaron la matanza del Rio Canimar, mataron y continúan matando a quienes prefieren escapar, a quienes piensan diferente.

Irse de Cuba se convirtió en una necesidad, no sólo por el hambre, por las penurias, irse de la isla es la consecución de los sueños, es respirar, es libertad, salir de Cuba es la única forma de saber que significa la libertad.

A la par de los viajes hacia el norte, los cubanos encontraban nuevas vías, España se convirtió en un refugio para muchos en los inicios, por diferentes circunstancias otros viajarían y se asentarían en Centro America, en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá serían el nuevo hogar para muchos.

En los viaje al extranjero de funcionarios del régimen, alguno perdía la brújula y no regresaba, junto a ellos músicos, artistas, escritores. Una vía, sólo se necesitaba un camino de salida y se perdía la ruta de regreso. Los cubanos fueron y son los nuevos judíos, hoy habitan en lugares impensables, en Las Americas viven desde Alaska hasta el cono sur, incluyendo Haití, República Dominicana, Puerto Rico y las islas de las Antillas Menores. En toda la geografía europea encontrarás un nacido en la mayor de las Antillas, Turquía, Islandia, Rusia, Alemania, Bosnia, Grecia, Albania, muchos hicieron el camino de regreso, no hecho por sus abuelos y viven en la tierra prometida de Israel.

Tienen una floreciente comunidad en Australia, en África no faltan, antiguos soldados hoy están asentados en Angola, Sud áfrica, Guinea, Namibia, Zaire. Somos como las hormigas, si una persona encuentra un camino para salir de Cuba, muy pronto otros usarán esa misma vía de escape, si lo dudan, pregunten en Ecuador. Como me repite alguien a quien quiero mucho, “Los cubanos son una plaga, están en cualquier lugar”.

Entonces ahora entenderás, las razones para salir de la isla no importan, mucho menos el destino, lo importante es salir en un viaje hacia lo desconocido, en un viaje del cual muchas veces no existe retorno, creo si alguien necesita astronautas o cosmonautas para viajar al confín del universo debe visitar Cuba, allí encontrará ciento de miles de candidatos a los cuales no les importará regresar, ni las condiciones de vida, les importará sólo encontrar una atajo de escape del paraíso revolucionario o mejor dicho, de la monarquía caribeña implantada por los Castros en la destruida y sufrida isla.

No fui de los primeros, tampoco de los segundos, lo logré un poco tarde para mis deseos, siempre quise salir, demoré mucho, al final salí, se de muchos que lo ansiaban y nunca lo lograron. En una gaveta quedó guardado como reliquia mi pasaporte visado como Pedro Pan, quiso el destino y los deseos de mi abuela me quedara en la isla, lo intenté muchas veces, poco antes de la Embajada del Perú preparaba con algunos amigos una salida ilegal, recorrimos presas buscando donde conseguir una embarcación, algo que flotara y nos sacara del infierno castrense, con los sucesos de la embajada ellos lograron irse, en ese tiempo era desertor del ejército, no lo intenté, sabía perfectamente, no me permitirían salir y terminaría preso, un ex compañero de escuela de apellido Otaño cumplió cuatro años por intentarlo, fue acusado de traición a la patria, ¿nosotros seríamos los traidores o sería Fidel quien traicionó a la revolución y a sus compañeros de lucha, a todos los muertos junto a él por llevarlo al poder? Después de terminar el ejército lo intente nuevamente, en la lista de países a los que volteé mis ojos está México en 1983 y 2002, España, también en dos ocasiones, 1992 y 1995, Rusia, con escala en España y quedarme en Barajas, Italia en 1996. Había desistido, pensaba, mí sino era morir en la isla, sin poder ver que existía fuera de las fronteras marítimas de Cuba, al final el destino me liberó y concedió la oportunidad, logré viajar al norte revuelto y brutal en el año 2006. Entendí las palabras de Martí cuando escribió a su amigo Manuel Mercado, “Viví en el monstruo y como se extraña”

Salir de Cuba significó mucho para mí, fue mi primer viaje en avión, tenía 48 años y desconocía lo que significaba viajar en avión, fue mi primer viaje al extranjero, la isla la recorrí hasta Las Tunas en el oriente y en occidente casi todo Pinar del Río, conocí muchos pueblos de la isla, hermosos sitios escondidos de la geografía de un país al que quizás jamás regrese, nunca llegué a visitar la cuna de la involución.

La llegada a Miami pudo ser traumática, ver desde el aire la ciudad, las autopistas, los incontables automóviles en movimiento me hizo pensar, “aquí no podré manejar nunca”. Lo logré, manejé en Miami, he manejado cuatro veces la ruta Miami-New Jersey, desde New Jersey manejé hasta las Cataratas del Niágara, he manejado infinidad de millas y las que aún me faltan, si el destino no se opone. Salí de Cuba y descubrí otro mundo, viajé a Colombia, visité Bahamas en un crucero, tampoco había montado un barco antes, nunca había estado en alta mar, no había sido marino, así que llegar a la unión americana significó para mí el hacer muchas cosas de las que antes nunca hice.

Salí de Cuba por las ansias de ser libre, de sentir la libertad de movimiento, de no vivir con miedo a cada paso a ser vigilado y controlado por el comité, el partido, el gobierno, por la policía, Cuba es un estado policial, al salir del aeropuerto, el mismo día de mi llegada lo comenté, aquí no hay policías. Salí de Cuba por mis ansias de saber que existe fuera de las cercas, por ver la luz fuera del túnel y lograr ser yo mismo, sacar a flote el yo oculto por 48 años dentro de mi país.

 

¿Como te sientes por estos nueve años vividos en el exilio?

 

No niego en Cuba tuve y viví mi juventud, disfruté intensamente, dentro de las limitaciones económicas de la isla, todo cuanto pude, en mi época de joven no existía tanto bloqueo interno y las puertas de muchas instalaciones turísticas aún estaban abiertas para el pueblo, después la cerraron, encontrabas al llegar a la puerta de cualquiera establecimiento te cuestionaban si eras extranjero, de no serlo las puertas se cerraban en tus narices, o sea, viví una buena época para la juventud. Las playas no eran la destrucción que es hoy, el movimiento teatral era fuerte y los teatros funcionaban, las agrupaciones artísticas, al igual que los solistas se presentaban a menudo en los teatros, aún las salas de cine no estaban en proceso de extinción, los precios de los cabaret y club de La Habana no eran astronómicos, podíamos ir, la ciudad respiraba, vivía intensamente, existía vida nocturna y vida artística en la capital.

Antes de los 90 todo cambió, la segregación a los cubanos se hizo agresiva, nos cerraron infinidades de sitios, perdón, mejor dicho, simplemente fuimos vetados. Después de los 90, con la liberación de la moneda del enemigo, dejaron entreabierta algunas oportunidades, entonces nosotros no podíamos entrar, la llave mágica, el señor “don dinero” no lo teníamos, la crisis económica desatada en la isla con la desaparición de los países hermanos del campo socialista nos dejó sumido en la más cruel de las dificultades económicas, la brecha entre los ejecutivos ricos del gobierno y la población en general se hizo demasiado grande. Entonces te podría decir al salir de Cuba, para mí, “cualquier tiempo futuro sería mejor”.

Me siento excelente, respiro a pleno pulmón, sin que nadie cuestione si respiro demasiado y el aire está limitado, acá encontré lo que jamás soñé, acá mi humilde ser pudo hacer la metamorfosis y convertirse de la fea oruga, destruyendo por su voraz hambre la flora del jardín, en una hermosa mariposa llena de colores, volando de flor en flor sin temor a prisiones o represarías, descubrí en mí un mundo jamás pensado, te puedo decir sin temor, acá soy otro hombre.

Me considero un hombre respetuoso de la ley, por esa razón no temo y vivo libremente cada día de mi vida. Si por algún avatar de la vida me regresaran a la isla, nada me ataría a ella, haría lo jamás pensado, lo imposible por salir de la isla prisión nuevamente y recomenzar mi vida, no me importaría ni la edad.

 

¿En algún momento haz sentido nostalgia, extrañas a Cuba?

 

Decirte nunca he extrañado a Cuba es mentirte, fueron demasiados años de mi existencia vividos en la isla, extraño muchas cosas, pequeñas cosas. Extraño a mis amigos, la confianza que existe con los amigos de antaño, con los amigos de siempre de llegar a sus casas y entrar sin tocar la puerta, de ir sin llamarlos o concertar una cita, sólo decir, “buenas, aquí estoy porque llegué”, de sentir en esa casa, la cual no es tu casa, no eres un extraño, eres bien recibido y tu llegada no es desagradable, eso sólo lo sientes en tu país, en tu barrio, con tus amigos. Extraño caminar por las cercanías de la casa donde siempre viví, caminar y encontrarte con los viejos vecinos, los padres de tus amigos y tener esa charla informal en el portal, a la sombra de un almendro, eso lo extraño.

Extraño los niños jugando en la calle a la pelota, al futbol, empinando chiringas, extraño sus risas, sus gritos, sus juegos locos, sin miedos, libremente, no atados a un celular, a un dispositivo electrónico, no porque no lo deseen, simplemente porque sus padres no lo pueden adquirir, extraño la alegría de los niños un día cualquiera, ¿será que extraño mi niñez dejada atrás hace mucho tiempo?

Extraño la sonrisa de una mujer cualquiera, a la cual dices un piropo en la calle y no te acusa de acoso sexual, de hostigamiento, sólo sonríe, si el piropo no fue grosero y fue de su agrado, sin que signifique nos vamos a la cama. Extraño ver una linda cubana caminar en las calles con un diminuto short, su libertad al caminar moviendo sus caderas, sus nalgas sin ataduras, su mirada, su sonrisa, su cabellera al viento, mientras aspiras en el aire sus feromonas provocando la lujurias de cuanto las ven pasar a su lado.

Extraño un trago de ron, no importa la marca, el nombre, un ron cubano, a ese trago lo hace especial el lugar donde lo tomas y el amigo con el que elevas tu copa y brindas, con el que juegas domino en un portal cualquiera o a la sombra de un frondoso árbol.

Extraño sus playas, no Varadero o cualquier playa famosa de la isla, extraño la playa donde fui de joven, donde conocí a la novia eventual, con la que compartí besos y caricias al movimiento de las olas.

Extraño el agua tibia de mis playas, no la fría, la insoportablemente fría del atlántico norte, de la Florida, el agua tibia que apaga el calor del trópico y te hace sentirla en tu piel como caricias de amor. Extraño la playa donde llevé de niñas a mis hijas, donde cuidé sus juegos, donde reíamos sin miedos, pensando, la vida es sólo esto, playa y risas, sin saber cuántos sin sabores les tocaría caminar mañana.

Extraño compartir, no un manjar, las migajas de mi mesa con alguien llegado sin avisar, extraño hacerlo, porque ese, con quien lo comparto, sabe valorar lo que se lleva a la boca, sabe cuánto cuesta en la isla tener un mendrugo de pan cada día, por ello extraño dar de lo poco que tengo con quien como yo, tiene poco que dar.  

Extraño un paseo por el campo, la visita a los lejanos amigos que viven lejos de la ciudad, llegar a sus humildes casas, donde reina la pobreza, mientras rebozan riquezas en el corazón, extraño la alegría de sus ojos al recibir mi visita, saber que a pesar de las dificultades y el exorbitante precio del combustible, no los olvido y saco un tiempo para visitarlos, extraño verlos compartir sus pocas riquezas conmigo, sólo a cambio de mi visita. Esos domingos, los extraño mucho, más aún extraño, la risa de mis hijas, inocentes, corriendo en los patios, sin peligros, sin miedos, con total libertad.

Extraño los amigos de la juventud, algunos han muerto, otros desperdigados por la extensa geografía del mundo, extraño su complicidad, su entrega, la alegría de mi juventud, ya tan lejana, las fiestas, los paseos, la inocencia perdida al pasar los años y descubrir la vida no siempre te sonríe, son más lagrimas y dolor que risas, quizás por ello la juventud dura tan poco y la vida es tan corta.

Extraño sentarme en mi balcón, un balcón muy especial, sentir la brisa de la tarde acariciar mi cuerpo, refrescando el bochorno del día, desde el balcón escuchar los ruidos de la tarde, las aves trinar, los niños jugar, mientras disfruto de una taza de café (no importa el nombre, la marca, si es cien por ciento arábigo o cincuenta por ciento mezclado con chícharos y otros granos, quién sabe cuáles) y deleito el aroma de  un “Habano cubano”, un tabaco cualquiera, uno de los más malos, no un Cohíba, un Montecristo, tampoco de una vitola especial, una tabaco de aquellos que venden en la bodega y permito a mi mente volar lejos, soñar, crear historias las cuales nunca escribiría, no poseía ni una máquina de escribir, mientras en ese momento, esas tardes únicas en mi balcón vivía como un “idílico existencialista”, me abstraía, volaba, lograba viajar al país del nunca jamás escondido en mi interior desde mi lejana infancia.

Sólo me interrumpía el saludo de un amigo, un conocido al pasar y verme disfrutando de mi balcón, mi tabaco cubano y mis tardes, olvidando todas las penurias y necesidades vividas día a día y al final extraño tanto, que no se, si siento un inmenso, un gigantesco gorrión sobre mis hombros o simplemente lo que percibo es nostalgia.

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