El cofre del pirata

 

-¿Por favor teniente, le puedo pedir algo muy personal? ¿Sí? Quiero una muestra del cofre, una sola cosa me interesa, quédese con lo demás, no importa el precio, usted me dice y se lo pagaré… quiero me venda la espada del pirata, siempre ha sido un sueño tener una espada real, una espada original y esta debe tener más de 400 años de fabricada, ¿lo haría usted por mí?-

Le pregunto al teniente Raulices en el interrogatorio que me hace en mi cuarta noche de detención.

El timbre de la puerta interrumpe mi atención, ¿quién será ahora?, pienso, mientras me incorporo y encamino mis pasos hasta el balcón y desde allí poder mirar quién toca antes de abrir.

Mierda, son dos policías, que será ahora, nada bueno, las ideas se agolpan, pienso velozmente que dejé arriba de la mesa del taller, si hay algo que no me convenga vean si suben estos dos agentes del orden o instrumentos de represión del régimen.

-Dígame, ¿qué desean?-, les pregunto mientras los miro atentamente tratando de adivinar la razón de su visita. Buscan de dónde sale la voz, para ellos de ultratumba, hasta que voltean sus huecas cabezas hacia arriba, hasta el sitio donde me encuentro.

-¿Usted es el joyero?-, me preguntan.

-Si-, les respondo, tratando de recordar entre los últimos delitos cometidos, cual es el peor.

-Puede bajar o abrir deseamos hablar con usted ciudadano.-

“Ciudadano”, nada bueno es cuando usan esa palabrita, pienso, mientras paso un rápido vistazo sobre la mesa buscando algo comprometedor, ¿y qué no es comprometedor?, desde el oxigeno y el gas para soldar, hasta la bórax, la soldadura, la herramientas, el oro, la plata y todo lo que almaceno en el taller, nada tiene papeles todo es ilegal, cierro la puerta del taller y comienzo a bajar lentamente la escalera tratando de adivinar que buscan.

Abro la puerta lentamente encontrándome con la mirada de los dos uniformados, seguro palestinos que han entrado a la policía buscando vivir en La Habana, lejos del hambre y el abandonó que vive “la cuna de la revolución”, garantizando los privilegios y prebendas que les dan por ser vulgares perseguidores de un país donde no existen las leyes, existe la voluntad de su señoría “él presidente del consejo de ancianos, el  comandante en jefe”.

-¿Buenas tardes, ustedes dirán en que puedo servirlos?-

-¿Podemos pasar o prefiere que hablemos aquí en la puerta?-

-¿Por mí no hay problema, pasen, adelante?-

Me muevo dejando el paso libre a los dos uniformados que comienzan a ascender por la escalera con pasos cansados, quizás hasta hambrientos, como todo el pueblo, ellos también viven de la libreta y el periodo especial aprieta a ellos por igual, no tienen acceso a muchos productos de la bolsa negra por el miedo que despiertan a los vendedores de su área, aunque sus familiares se olvidan del policía de la casa con tal de conseguir alguno de los productos de primera necesidad que tanto escasean y son asequibles en el contrabando callejero.

-Siéntense por favor, donde deseen, están en su casa-, palabras sacadas de las viejas reglas de cortesía que de antaño existían en la isla y hoy desaparecidas. -Ustedes dirán en que les puedo ayudar.-

-Soy el teniente Raulices de la Dirección Técnica de Investigaciones, el es el teniente Arellano, estamos acá por que necesitamos saber algunos detalles y quisiéramos su cooperación.-

Mi cooperación o les sirva de chivato, será sólo por algún robo y quieren saber si me han propuesto alguna prenda.

-Pregunten si algo sé estoy en la mejor disposición de ayudarlos.-

-Conoces a Javier-. Me pregunta casi en ráfagas sin darme mucho tiempo.

-Sí, conozco a dos Javier, uno es el vecino de al lado y otro es el hijo de un amigo que se marcho del país hace algún tiempo.-

-Me refiero al vecino de al lado, que relación tienes con él.-

-Sólo somos vecinos, no soy de estar en las esquinas, menos de meterme en casa de nadie, como seguro usted sabrá vivo muy encerrado en la casa.- 

Escrito hace algún tiempo, en noviembre del año 2011, en el libro recuerdos y recuentos, hoy se hace realidad mi sueño. noviembre 25 2011.

 

El día que pensé había muerto

 

Puede ser un día cualquiera, más no lo es, la constelación de Escorpión desde el cielo rige el destino de los mortales, convirtiéndolos en juguetes, alguien desconocido rige la vida del hombre a su voluntad y capricho, como simples actores de un inmenso teatro callejero donde los representantes, nosotros, pensamos tenemos la autonomía de nuestros actos.

En la tierra, en el sitio donde vivimos, la vida continua siendo incierta, insegura, muchas veces la guían individuos tan humanos como nosotros, creídos en ser seres elegidos por un malévolo don superior, entonces, por sus criminales actos crean tal caos en su alrededor que mientras son casi adorados por unos, son odiados por la inmensa mayoría por sus inescrupulosos actos, no importa el partido o la tendencia política, con engaños, manipulaciones y mentiras se hacen dueños de un país, sin importarles nada, solo su afán de sobresalir y perpetuarse en la mieles del poder. “Estos individuos son los dictadores”.

Todo se ha vuelto oscuro en este segundo, no recuerdo se anunciara un eclipse total para hoy, pero sin dudas la noche nos cubre en la mañana, no escucho los sonidos de la calle, las aves enmudecieron, reina el silencio total, hay una paz desconocida, se perfectamente estoy despierto, lo hice hace horas, me levante como de costumbre, muy temprano, cumplimenté cada una de mis rutinas diarias con la misma calma y el mismo mutismo de cada día, me senté frente al monitor de la PC intentando escribir al menos una frase, no lo logré, hoy todas las musas están de descanso.

Miro la hora en el reloj digital instalado en la pared, a pesar de estar encendido, de funcionar, está detenido en el tiempo, mis ojos no dejan de mirarlo esperando verlo cambiar sin conseguirlo, sin dudas se descompuso, se paralizó o el tiempo se detuvo.

Estoy en mi lecho, sobre mi pecho percibo un invisible peso que me mantiene inmóvil, sin permitirme el más mínimo movimiento, me siento atado por invisibles ligaduras, siento un calor sofocante, escucho el sonido del ventilador tratando inútilmente de refrescar la habitación, quizás el mundo se detuvo, un hecho inexplicable sucedió y toda la humanidad pereció, adelantándose a la fecha anunciada por el Calendario Maya de Diciembre del 2012, que pudo pasar, qué puede suceder en el mundo, a mi alrededor, de lo que soy desconocedor.

Escucho en un lejano televisor la voz del locutor dando una noticia esperada por muchos años y a la que hoy no logro reaccionar, lo escucho como si fuera una voz de ultratumba, lúgubre, anunciadora de un mal presagio, un día terrible, una callada y silenciosa fiesta nacional que traspasara las fronteras, lo escucho sin poder asimilarla, menos entenderla.

-“A todo nuestro querido pueblo, tengo la difícil y penosa misión de anunciar a nuestro país y al mundo, el fallecimiento, la desaparición física de nuestro Querido Líder, el Único e Insustituible, el Conductor, el Maestro, el Guía de nuestras vidas, el Hacedor nos ha abandonado. Que será ahora de nuestro pueblo sin la sabia dirección de su máxima figura…

Escucho, se qué dice el locutor, pero no lo entiendo, podrá morir el guía después de tantos años de vida, de sobreponerse a cientos de atentados solo fraguados en su mente y la de su grupo de seguridad, a largas y penosas enfermedades, no es inmortal, podrá al fin morir como cualquier persona, no es eterno, no es un clon, todos nos preguntamos, ¿no habrá muerto hace ya muchos años y nos han tenido engañados con dobles y falsas imágenes trucadas en adelantados programas de computación?

…después de más de cincuenta años de sabia guía, hoy nos deja, parte dejando a todo el pueblo en la más absoluta tristeza, sumidos en la desesperación, quien ocupara su lugar ahora que su enérgico y fuerte corazón dejo de latir, quien tendrá la visión y entereza para guiar los destinos de su amado pueblo, hemos perdido al Maestro Espiritual, al Tutor, al Consejero…

Escucho la noticia que se repite una y otra vez acompañada por himnos y marchas fúnebres, escucho su voz en antiguas parrafadas, en viejos discursos donde anuncia que nuestro país será el mayor productor de arroz en la Ciénaga de Zapata, arroz que se vendería con la sal incluida, seriamos capaces de vender y exportar arroz a China y Vietnam, con la zafra de los Diez millones nos convertiríamos en el más grande productor y exportador de azúcar, no importaba si el imperialismo no nos compraba el producto de la dulce gramínea, ellos estarían imposibilitado de fabricar los caramelos para sus niños, ellos serian los perdedores de nuestra riqueza, nosotros la regalaríamos a todos los países hermanos, aunque en el nuestro está limitada por la libreta.

Nos convertiríamos en el mayor criador de ganado, cada ciudadano tendría más de un vacuno, tendríamos vacas que daban mas de cien litros de leche en cada ordeño, mientras los niños carecían del esencial alimento, palabras y más palabras, promesas de un futuro mejor, el cual nunca llegó.

Los viejos sueños del fracasado dictador, del emperador del miserable imperio, “Alejandro, no el magno”, con tantas batallas negociadas y compradas desde una cueva en la sierra o comandadas desde su oficina de palacio, mientras mandaba a morir a nuestros jóvenes en la aventura africana, por ordenes del Zar de toda la Rusia, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, los verdaderos dirigentes de los destinos de nuestra isla desde el palacio del Kremlin.

Murió el hombre que arruinó nuestro país convirtiéndolo en una nación miserable y hambrienta, con millones de migrantes, el que no tenía ni una sola herida de combate, tampoco se corto jamás mientras se afeitaba, al fin había muerto, no podía reaccionar, estoy atado, drogado o quizás también había muerto junto con él, quizás habían muerto todos los habitantes de la isla, todos sacrificados para que el padrecito no marchara solo en su camino a lo más profundo del infierno.

Al fin el ángel negro había decidido recoger a su engendro de la tierra y llevarlo a su reino, a sus oscuras posesiones, se que Satanás tenía miedo a su hijo, a que le hiciera una revolución en el averno, como haría para impedirlo, de qué modo conseguiría que su maldito hijo no cambiara la vida en su negro reino.

Podría ser muy difícil, casi imposible conseguir cordura a su llegada en la “sección de dictadores” del infierno, su encuentro con sus antiguos maestros y mentores, sus admirados perceptores, ahora todos reunidos con su brillante discípulo, Lenin lo besa feliz, Stalin lo abraza palmeando su espalda admirado, el tío Ho junto a Kim Il-Sung y Mao Tsetung se

inclinan en señal de respeto, Napoleón lo felicita, no sin un tono de envidia por el éxito del periódico Granma.

El Generalísimo Francisco Franco ríe reclamándole las autorías de las marchas del pueblo combatiente, Hitler molesto lo elogia a pesar de ser hijo de un español, de un gallego, no un descendiente de la raza aria, reconoce su inteligencia para subyugar y someter a todo un pueblo y engañar a todo el mundo con su fracasado modelo sin dejar de reclamarle que las brigadas de acción rápida son copia fiel de las brigadas de asalto.

Mussolini, quien aun prefiere colgar por las piernas de una cuerda, le dice imitador de sus ademanes, de los gestos y aspavientos, de sus payasadas en cada discurso.

Goebbels admirado por la manera del que el alumno aventajo al discípulo en la aplicación de los once principios de la propaganda moderna, lo felicita emocionado.

Los Somoza le reclaman por su intromisión en Nicaragua y ordenar el asesinato de Anastasio Somoza en Argentina, orden cumplida por Tony la Guardia quien no se acerca a saludarlo prefiriendo quedarse apartado del grupo junto al general

Arnaldo Ochoa, mientras ambos lo miran con verdadero odio.

“-Nos jodiste la fiesta-“, le dicen, junto a los Somoza “Papa Doc.”, el primer Duvalier, le acusan de además de ser un dictador como ellos, de instaurar la dinastía de los hermanos, mientras los criticaba.

Trujillo, entre bromas reconoce que le ganó en eso de matar opositores y llevar a las esposas e hijas de sus compañeros a la cama.

Pinochet le estrecha la mano, mientras por lo bajo, en secreto, muy cerca del oído, le da las gracias por su ayuda en el golpe de estado y posterior asesinato de Salvador Allende.

Hasta Porfirio Díaz, le saluda mientras arregla sus bigotes.

Vicente Gómez sonriendo le dice, “-menudo discípulo nos dejaste en el Palacio de Miraflores-“, el Sha de Persia, Reza Padlevi, junto a Nasser, su antiguo enemigo, sonríen por su arribo.

Antiguos camaradas le saludan, le dan la bienvenida entre apretones de manos, palmadas en la espalda y cómplices sonrisas, Kruschev, Eric Honeker, Tito, Ceauşescu, Breznev, Haile Selassie, Saddam Hussein, Janos Kadar, Zhivkov.

Entre bromas y reclamos, todos están alegre por su llegada, al fin se unió al selecto grupo el que faltaba, el que más tiempo logro desgobernar un país, el mayor dictador de la historia.

Sólo uno está en silencio, observando al alegre grupo desde un rincón, al fin se incorpora de donde estaba sentado, acercándose desde la sombras, las miradas de ambos se encuentran, de la boca de “él indio, él mulato”, de el primer presidente mestizo electo por los votos en América, emerge un torrente de palabras cargadas de ira, de frase guardadas por años esperando desesperadamente este momento.

“-Cabrón de mierda”, solo goberné por once años, la primera vez fui electo por los votos, los cuales tu jamás conseguirías, mis manos no tienen toda la sangre que tienen las tuyas, borraste de la historia todo lo que hice por la isla y a mí me llamabas dictador, no te mate cuando el Moncada, fui un “come mierda” por no matarte en la misma iglesia, debajo de la sotana del cura donde fuiste a esconderte por “pendejo y maricón” y me llamabas asesino, te concedí la amnistía, no te deje morir en vida en la cárcel por treinta años, como hiciste con muchos de tus amigos y tus oponentes y me llamas violador de la constitución.

No sabes cómo esperé este instante, quería decirte en la cara, mientras te miraba a los ojos y te veía cagarte de miedo, “nunca fuiste el caballo, eras una puta yegua”, “un pandillero pendejo y bocón”, destruiste “el sitio más hermoso que ojos humanos jamás vieran”, mataste la ilusión de millones de hermanos nuestros, tú, el hijo del gallego los cuales fueron a nuestro país a mantener la colonización, a matarnos, a enfrentarse con el mío quien batalló contra las tropas españolas, lo sabes muy bien, mi padre fue un mambí, lucho contra tu padre, el soldado invasor, mi padre debió cortarle la cabeza en la manigua, así no abrías nacido tú, bastardo, hijo del mal engendro, pero de seguro se escondía en el combate, como también te escondiste tú, eres igual a tu padre, de él debes

haberlo aprendido, saliste como él, ladrón, cobarde y asesino”…

Levantándose de su trono, el “Príncipe de las Tinieblas”, llama a la cordura a los dos contrincantes, bueno a Batista, ya el otro había reculado, retrocediendo, protegiéndose entre sus amigos, como siempre acostumbra a hacer.

“-Bien queridos amigos, basta de discusiones, se terminó la bienvenida de nuestro ilustre compañero, cada uno a sus tareas, tenemos mucho para hacer, no debemos permitir exista paz en el mundo, que dejen de nacer hombres de mal como usted, capaces de hacer tanto daño”.

Tú, el innombrable, el último en llegar, ven, debemos hablar, “necesito me escuches atentamente”, quiero qué tengas estas palabras que te diré bien claras, “aquí mando yo, no hay partido, comités, sindicatos, reuniones que no autorice y supervise yo personalmente”, ¿lo entendiste bien?,… “¿seguro?”… ahora dale a trabajar, debes hacer tus tareas, “por los siglos, de los siglos, el mal”.

 

…La lamentable e insustituible pérdida ha causado dolor y

conmoción en el mundo, gobiernos hermanos y amigos de todas partes se unen a nuestro dolor. Se declaran siete días de duelo nacional, las banderas ondearan a media asta, la venta de licores, los espectáculos públicos, todas las actividades han sido suspendidas por los próximos siete días hasta que se realicen las honras fúnebres de nuestro amado y eterno Guía, gloria eterna al Maestro…

Veo de nuevo brillar el sol, escucho a las aves cantar alegremente ajenas a todo lo que sucede en el mundo, en el lejano televisor continúan repitiendo la luctuosa, pero la más alegre noticia esperada por muchos años, por más de medio siglo por un pueblo, en el reloj digital sujeto a la pared cambia el minuto, son la once horas, once minutos, del día once, del mes once, del año dos mil once.

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